¿Qué hice mal?… la perspectiva del supuesto.

Obsérvate!

Si te descubres frecuentemente preguntándote “¿qué hice mal?”, ante aquellos hechos que te son desagradables o ante lo que interpretas como adverso a ti, o cuando piensas que el Otro se ha incomodado o disgustado contigo, que le has causado algún dolor o tristeza, o cuando sientes que no has podido ayudarle, yo te invito a reflexionar pues, tal vez, tal indagación no tiene más peso específico propio que aquel que le asignas desde el supuesto.

Ejemplos:

  1. Si recibes un “no” asociado a una propuesta, planificación o proyecto… y te agobia la pregunta “¿qué hice mal para recibir un no por respuesta?”; de fondo puedes estar interpretando un “no” asociado a tu persona… y allí esta el supuesto, pues es acerca de tu planteamiento, no acerca de ti.
  2. Si al romper una relación laboral, filial, social, amorosa… no duermes preguntándote “¿Qué hice mal?”, te sumes en la tristeza y condenación prolongada en el tiempo y de a poco pierdes significado… y entonces te esclaviza la depresión. Si crees perder significado, incluso identidad, por algo que ocurrió…  cuidado!: es una ilusión… y allí está el supuesto.
  3. Si te sientes culpable porque crees que has podido hacer más por alguien o por una causa, o porque sientes que has herido a alguien, y te avergüenzas de continuo debido al sentipensamiento de “hice algo mal” que te habita… te tengo noticias: es probable que no hayas hecho nada mal pero tú lo crees… y allí está el supuesto.

Te puede sorprender:

  1. El número de ocasiones en que el Otro, o tu entorno, no te interpreta como alguien que hizo mal… solo tu lo crees.
  2. El número de ocasiones en que al observar eficientemente los hechos, te darás cuenta que solo hubo errores asociados al desarrollo, a la solución de un problema o necesidad, a la procura de una mejor práctica técnica o relacional… que en realidad no hubo “mal”… solo “alguien” lo cree.

– Bueno, Wershin… ¿y entonces qué?

Sin ánimo de indicarte un método absoluto, ni de entrar en vericuetos estratégicos ni tácticos en la materia, te propongo iniciar con algo muy sencillo: ¡Cambia la Pregunta! 

Seamos realistas: ¡Sí!, ¡algo ha ocurrido!… que trajo consecuencias y seguro querrás repensarte en ello. ¡Hazlo!, preguntándote: ¿Cuál es mi responsabilidad en el caso que me ocupa?  

  1. Observa bien lo que ocurre, los hechos, no lo que piensas sobre ellos. Lista sus detalles, describe las evidencias y el escenario común que genera. Imágenes, sonidos, sensaciones… todo aquello que sea perceptible a través de los sentidos. Hazlo sin el ruido mental de tus opiniones.
  2. Una vez realizado el ejercicio anterior, comparte contigo mismo tus hallazgos, también con Otros y, ahora si, comienza a compartir cómo te sientes con respecto a ello fundamentado en lo que la Observación Eficiente te ofrece a ti, y a tu entorno. Ahora puedes expresar tus juicios fundamentados habiendo “ecualizado” tus interpretaciones y tu conversación interna, en términos de responsabilidad, no de “hice mal”. ¿De qué va la diferencia?
  1. “¿Qué hice mal?” genera culpa, condenación, apego a una historia. Es una indagación que genera pensamientos distorsionados, no precisa nada y, por lo tanto, es eminentemente argumentativa… te quedarás “penando” en la historia.
  2. “¿Cuál es mi responsabilidad en el caso que me ocupa?” genera un “ubicatex plus”, un darse cuenta acerca del proceso que vive el Ser, no de la historia. Tu corporalidad va “de frente en alto”, y tu Habla es más precisa, preciosa y generativa. Tu Conversación hace posible Nuevas Realidades. Comienza el empoderamiento para tu libertad (de la culpa), y asumes un rol protagónico siendo líder de ti mismo… alejándote de la victimización (“hice mal”, culpa, yo no sirvo, yo no merezco, yo no puedo…) a la que te induce tu mente. (Recuerda, tu tienes una mente pero no eres ella… no permitas que tu mente tenga predominio sobre tu Ser)

Los caminos neuronales que se activan, y las reacciones de tu ADN, son completamente distintas en cada pregunta… todo un tema a desarrollar en otras entregas. De momento, te dejo éstas líneas con la invitación a reflexionar en la noción que te propongo.

¡Un gran abrazo!… y ya sabes… ¡Cambia la pregunta y aléjate de la perspectiva del supuesto! 

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